Sanar a tu niña interior para aplicar disciplina positiva.

Buenos días mi querida gente despierta o en el camino,

El tema que hoy me nace compartir con todas vosotras, es algo que viene resonando conmigo desde hace ya bastante tiempo… aproximadamente, un año y medio.

Formándome como Educadora Infantil, empezaron a manifestarse ante mí, una cantidad de preguntas que, precisamente, ni eran aquellas que la gente me hacía ni las que yo imaginaba que me plantearía al vivir esta profesión. Empecé a conectar, desde mi esencia, con los niños/as como aquellos futuros adultos/as. Y claro, ahí me surgió la necesidad de fragmentar:

“¿Cuál es el proceso necesario previo al adulto de mañana?”

Como suele ocurrir, cuando algo nos apasiona, nos informamos de ello y, día tras día, ¡más queremos saber! Como veréis en el título del post, he unido 2 grandes temas (¡o mundos!), pues he podido darme cuenta que, la disciplina positiva, no sería posible o duradera en el tiempo, sin el trabajo previo, de sanar a nuestra niña interior. Asique, de todo lo que llevo indagando y aprendiendo, voy a intentar tocar aquellas teclas que más me han ayudado y que, seguro os ayudan a vosotras.

Antes de seguir, por si alguna no habéis oído hablar de estos temas, os explico brevemente:

  • Sanar a nuestra niña interior: curar aquellas heridas que llevamos dentro del alma, desde nuestra infancia (de las que no tenemos ni por qué ser conscientes, están almacenadas en nuestro in-consciente).
  • Disciplina positiva: conjugar la amabilidad y la firmeza, en este caso, en la educación de los niños/as (cuando profundizas, descubres que es una filosofía de vida, no solo para la crianza o educación del niño/a).

En la vida, en general, es sencillo querer pues es algo in-nato que nos aflora desde lo más profundo. Sin embargo, en lo que respecta al comportamiento, cuando estamos con nuestros hijos/as, lo que no resulta tan sencillo es (al menos para mí): no gritar, no alterarme, no contestar en un tono «in-adecuado», … etc. De manera que, terminamos perdiendo esa calma interior, norte, centro o punto de equilibrio.

Es obvio que “querer” y “comunicar”, son 2 conceptos distintos, no obstante, qué importante es la comunicación con quienes queremos, ¿verdad?

Entonces, si yo tengo claro ese sentimiento de amor incondicional hacia mi hijo/a:

“¿Por qué me cuesta tanto comportarme como quiero? Como me merezco y como se merece…”

Aquí va la reflexión inicial:

“Si estoy que ni me aguanto yo, cómo voy a aguantar a los demás (por muy hijo/a mío/a que sea).”

Está claro, que ni se trata de aguantarme a mí, ni de aguantar a nadie. Se trata de sentirme y cuidarme YO, y así, conectar con los demás a partir de la conexión conmigo. Cuanto más me conozca, mejor comprenderé y atenderé al resto. No puedo ver en el otro lo que yo no tengo, en cambio, desde mi YO conectada, sí. 

Por lo tanto, llego a la siguiente reflexión:

“Observaré y cubriré las necesidades de mi hija/o, cuando haya observado y cubierto las mías.”

Y aquí es cuando llegó a mí, esa necesidad de conectar con mi niña interior, para poder sanarla y no transmitir aquellas heridas mías, a mi hija/o. De la misma forma, lo haríamos extensible a la forma en que educamos, las/los educadoras/es a las/los niñas/os en las escuelas.

Pregunta:

“¿Y ahora qué hago? ¿por dónde empiezo?”

Cierto día, me di cuenta de cómo cambia todo cuando dejamos la MENTE a un lado y nos movemos desde el SENTIR. Pues, una vez más, nos moveremos desde el SENTIR.

Respuesta:

«Ser yo la madre que quisiera tener para mí.»

Quiero abrirme a vosotras y deciros que se me están empañando los ojos, pues en la anterior frase (respuesta), podemos descubrir que hay tanto dentro de ella… Me emociona muchísimo haber podido llegar hasta ella, no sabéis toda la información que ofrece a nuestro interior, es muy buena para que salgan vivencias y emociones del in-consciente. Me remueve muchísimo. Podemos decir que: será clave ante cualquier situación que nos acontezca.

Ahora ya, podemos pasar a hablar de la Disciplina Positiva.

Cuando empecé, profesionalmente, a moverme dentro del mundo de la Educación Infantil, comencé a sentir que yo no fluía en los estándares educativos, lo que se denomina Educación tradicional o Escuela tradicional. Pero no solo eso, fui haciéndome consciente, de lo mucho que yo tenía “inculcado” de ese tipo de educación, esa educación “de toda la vida” (y yo, precisamente, no me tengo por persona tradicional) y, por tanto, estaba transmitiendo en la educación a mi propia hija.

Primero, fue un choque, pero luego, empecé a leer y estudiar acerca de esa “educación de mirada amable”, “crianza positiva”, “disciplina positiva”… y ¡me recordó muchísimo al descubrimiento que tuve con la MEDITACIÓN! No ES solo lo que “siempre hemos visto”, ES todo aquello que EXISTE. Todo aquello que no me cuadraba, aquello que yo sí sentía que dictaba mi corazón, ya estaba inventado, ya EXISTÍA. Entonces, una nueva forma de educar ES POSIBLE, EXISTE. Por supuesto que no es un sendero llano pero la meditación tampoco, y ¡no por ello dejé de practicarla! Una vez que llega esa luz a mí, elijo no ignorarla.

Soy muy consciente de lo mucho que me queda por aprender, así como, de las barreras que existen cuando las propias escuelas no reman a favor (en muchos casos), pero sé y así lo siento, que:

“La coherencia entre mi sentir y mi hacer, son y serán la PAZ para mí, mi hija y todos aquellos niños/as que tenga el honor de ayudar en su EDUCACIÓN, EN SU VIDA.”

Vuelvo a emocionarme… Namasté.